Obra de Cy Twombly de 1971, título de Nini's Painting

Escrito en la pared


A la memoria de Jorge Belinsky

“Viajamos lejos con la mente, con la imaginación o en el ámbito de la memoria”

                                                                                                                                                                                           H.D.

    Si uno tiene la ocasión de observar algunas de las fotografías que se conservan del estudio de Sigmund Freud en Viena, quizás se sorprenderá de una abrumadora presencia, así como de una invalorable colección perfectamente dispuesta de esculturas, bustos y recipientes de variado estilo, época y origen: hombrecillos, esfinges, dioses y vasos del antiguo Egipcio y Grecia pueblan vitrinas, estantes e invaden la mesa del escritorio. Como buena amante del arte griego, la primera vez que Hilda Doolittle (Pennsylvania, 1886 – Zúrich, 1961), poeta representante del movimiento imaginista, cercana a William Carlos Williams, Marianne Moore y Ezra Pound, entró en el estudio de Freud, lo último que vio fue al reconocido y tan esperado Profesor. H.D. viajó a Viena entre la primavera de 1933 y el otoño de 1934 para analizarse y estudiar con Freud. Testimonio de aquella época quedaron algunos textos recogidos en Tributo a Freud (1956), entre los cuales está Escrito en la pared, escrito en Londres el otoño de 1944.

    Este es, propiamente, el recuerdo de su análisis pero también el testimonio de alguien que se sabía parte de una generación de entreguerras que iba a la deriva. La memoria se enmarca entre el espacio de las paredes del estudio y aquel espacio posible que inaugura el diván.Lo extraordinario de este relato es el modo en que la escritura surge desde el mismo recuerdo; no con la intención de reconstruir una secuencia histórica sino generándose voluntariamente desde la lógica misma del recuerdo: “se trataba de un presente que estaba en el pasado o de un pasado que estaba en el futuro”. Lo íntimo y confesional se diluyen en una compleja “reconstrucción personal de intención y de impresión”, mezcla de asociaciones simbólicas fascinantes, provenientes del arte y la mitología griegas que conforman el universo poético de H.D.; y, al mismo tiempo, todo ello se mantiene sujeto al deseo de conocer esa nueva dimensión revolucionaria que inauguró Freud con la nueva concepción del inconsciente. De este modo “las propias impresiones son las que construyen su propia secuencia” proyectándose, escribiéndose con más fuerza y nitidez sobre la pared frente al diván, abriéndose a: “la cuarta dimensión: la <<dimensión adicional atribuida al espacio por una especulación hipotética>>”, repercutiendo a su vez, en la propia escritura.

 

H.D. concretó estas impresiones en The Master, un largo poema dedicado a Freud que puede consultarse en una traducción castellana completa aquí: http://blogdelamasijo.blogspot.com/2011/03/hilda-doolittle-el-maestro-tu-eres-el.html

Andrea Montoya

Referencia: Doolittle, Hilda, 2004. Tributo a Freud. Barcelona: ElCobre Ediciones.

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