el tacto

El tacto en psicoterapia


Desde hace siglos la comunidad religiosa ha comprendido la importancia de la imposición de manos. En psicoterapia muchas veces se considera tabú tocar al paciente o cliente.

Para los psicoanalistas norteamericanos, como lo expresó equivocadamente el doctor Karl Menninger” las transgresiones de la regla contra el contacto físico (…) constituyen (…) evidencia de la incompetencia o de la crueldad criminal del psicoanalista.”

Este tabú al tacto, aún hoy muchos psicoanalistas lo consideran como a principio del siglo XX, cuando se constituyó, considerando que el terapeuta no debía intervenir en el paciente, sino permanecer totalmente objetivo, sin estimular nada propio a la persona que trataba.

Bertram R. Forer considera que el contacto verbal por si solo, nos dejaría en un limbo de aislamiento del propio cuerpo y de otras personas, y considera como psicoterapeuta la ineludible necesidad de contacto cutáneo que es psicológicamente más crucial que el hambre, defiende además fervientemente el uso del tacto, en manos informadas y preparadas, en la situación psicoterapéutica.

Señala que la integridad personal supone una búsqueda constante de nutrientes sociales mediante las relaciones cercanas, lo que incluye la experiencia táctil y su reverberación por todo el cuerpo: la mayoría de los pacientes y muchos terapeutas luchan con una conciencia opresiva a la que originariamente necesitaron para que les diese estructura psicológica.

Plantea que el contacto del terapeuta es reconfortante y, al mismo tiempo, ayuda a diluir los miedos y las expectativas onerosas del paciente, demostrándole también su resistencias a las relaciones humanas.

Bertram R.Forer concluye que tocarse produce mutualidad y es parte del proceso de probar si uno se atreve o de si se le permitirá que se convierta en un igual. El tacto implicado es aquel en el que el paciente toca al terapeuta, y aquel en que el terapeuta toca a la persona que ha buscado su ayuda.

Sin embargo, muchos psicoanalistas del mundo angloparlante desisten de ir mas allá de darse la mano antes y después de la visita. La razón de esa prohibición es que introducirla en la situación analítica un innecesario, y por tanto inoportuno estimulo psíquico, un estimulo que podría mermar el curso del análisis.

Sostienen que el interés del analista debe centrarse en los determinantes de los pensamientos del paciente, se sostiene que todo lo que diga o haga el analista debe estar subordinado a tal actitud.

Freud, en sus investigaciones en la clínica, sentía que el tacto entre paciente y terapeuta podría conducir a cierta clase de erotismo y hundir por completo la terapia. Se han dado abusos de esta índole, pero el terapeuta responsable sigue siendo responsable.

Esta clase de erotismo o excitación psicosomática y las fantasías asociadas a ella, señala Forer, son una materia prima crucial desde el punto de vista terapéutico, pero son también la principal fuente del desprestigio en que ha caído el contacto. Tales sentimientos han promovido controles éticos por temor a que el terapeuta pierda la perspectiva de sus responsabilidades…

Ya Freud escribía en Dora: “Quien se calla con los labios charla con la punta de los dedos: se traiciona por sus poros” y en sus Tres ensayos: ”el yo es ante todo un yo corporal”. Para Winnicott “el verdadero self proviene de la vida de los tejidos corporales y del libre juego de las funciones corporales, incluido el del corazón y el de la respiración”.

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