Narciso

Narciso


“El drama que Publio Ovidio Nasón (año 53 a.C., Sulmona, Italia) relató en poesía -y cabe añadir, en la más bella versión poética, – plantea un principio que en su entramado aparenta un porvenir dichoso y, luego, un elemento desgraciado incluye la premonición del destino fatídico.

Semidiós por el encuentro amoroso de la ninfa Liríope con el dios-río Cefiso, nace el hermoso Narciso, a cuya madre el ciego vidente Tiresias le anuncia “Si a sí no se conociera”: Si a sí mismo no se conociera, entonces, escaparía de la muerte. Entonces: un Narciso que nace bello en la palabra del Otro, y los otros que reflejan el mandato. Un joven que es amado y adorado y que, ignorando la Ley del oráculo, confirma un destino predicho.

Ajeno al amor, creciendo siendo no más que amado, conoce a la orilla de un manantial el único ser que mereciera su amor. Retraído del mundo y cuestionando su veracidad, es arrojado a la certidumbre de que su enamorado no es más que sí mismo. Ha recorrido su destino y ha conocido, tras conocerse, la muerte.

Un Narciso que Sigmund Freud comentó en 1914 y señaló de manera magistralmente exacta una conducta de ciertos hombres, de ciertas mujeres, presente en niños incluso, que refiere a un amor egoísta y vanidoso, un amor que prescinde de cualquier otro, un amor que desprecia cualquier ofrecimiento: Narciso se ha recostado y ha comenzado a contar su historia.”

 

Referencia: El narcisismo de Freud y un Narciso de Ovidio, Florencia del Rocío López.

 

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