heridas narcisistas

Las 3 grandes heridas narcisistas


La visión de la humanidad ha ido cambiando a lo largo de los siglos

hasta llegar a las antípodas de lo que era inicialmente. “Se ha

hablado de las tres grandes heridas narcisistas de la

humanidad:

La primera la generó Nicolás Copérnico,

hasta que él expuso su teoría se creía que la Tierra era el centro del universo, pero la revolución copernicana descentró a nuestro planeta de ese lugar privilegiado y puso como eje al Sol, dejando a la Tierra como un cuerpo celeste más que gira alrededor de la estrella principal de su sistema.

Es decir, que nada de extraordinario tiene el planeta que habitamos.

La segunda herida la inflige Charles Darwin,

cuando le quita al hombre su condición de criatura divina, hecha a imagen y semejanza de Dios y nos coloca como un animal más de la naturaleza, sólo un eslabón en la escala evolutiva.

Y la tercera la provocó Sigmund Freud;

quien hiere al hombre en su omnipotencia, en tanto hacedor de su destino, al introducir el concepto de Inconsciente. A partir de los planteos del Psicoanálisis, el hombre ya no es ese ser libre y racional sino apenas un sujeto sujetado a los caprichos de su Inconsciente.

De algún modo, viene a destronar al sujeto cartesiano, porque al famoso cogito ergo sum —pienso, luego existo— le opone lo contrario: yo soy allí donde no pienso.”

En palabras de Freud: “El psicoanálisis es la última en cuanto a fecha de las graves humillaciones que el narcisismo, el amor propio del hombre en general, ha recibido hasta el presente de la investigación científica. Existió ante todo la humillación cosmológica que le infligió Copérnico, destruyendo la ilusión narcisista según la cual el habitáculo del hombre estaría en reposo en el centro de las cosas; luego fue la humillación biológica, cuando Darwin puso fin a la pretensión del hombre de hallarse escindido del reino animal. Finalmente vino la humillación psicológica: el hombre que sabía que ya no es ni el señor del cosmos, ni el señor de los seres vivos, descubre que no es ni siquiera el señor de su psiquis.”

Referencia, Cara a cara, La dimensión humana del analista, Gabriel Rolón. Buenos Aires

 

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