disfuncion erectil

Disfunción eréctil


Con el advenimiento del viagra en 1998, muchos pensaron que era la panacea para la disfunción eréctil (impotencia), sin embargo, pese a su uso extendido y luego de 19 años en el mercado, la disfunción eréctil sigue siendo una de las problemáticas en la sexualidad más extendida y en la que muchos podemos estar inmersos en algún momento de nuestras vidas.

Lo reconoce Freud, en el texto “Sobre una degradación general de la vida erótica” en el año 1912, la impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicoanalista con más frecuencia. No existe persona alguna que no haya pasado por un periodo de impotencia o anorgasmia.

Cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido sino en situaciones diversas en las cuales el sujeto femenino o masculino no alcanza el éxito cuando éste es esperado.

Pensar en una sexualidad normal resulta inquietante,  y es muy difícil decir que es normal y que no lo es. Para Freud, lo normalidad de la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente.

Lejos de lo que podría pensarse, la liberación de las costumbres en la sexualidad  no ha servido para modificar la frecuencia de estos trastornos. Lo que indica que liberar las costumbres no significa liberar el deseo. Las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida del sujeto, una alteración de las mismas apuntaría a una manera patológica de relacionarse con el mundo.

La pulsión sexual no tiene como fin original la reproducción, sino la consecución de placer, por ello la conducta sexual de una persona constituye el prototipo de todas sus demás reacciones. Una persona impotente en sus relaciones sexuales podría llegar a ser probablemente impotente también para otras actividades, por ejemplo escribir, hablar en público.

La función sexual se halla sometida a muy diversas perturbaciones, que en su mayoría presentan el carácter de simples inhibiciones. Los síntomas principales de la inhibición del hombre son:

1º. Displacer psíquico (deseo sexual hipoactivo);

2º. Falta de erección (disfunción  eréctil);

3º. Eyaculación precoz

4º. Falta de eyaculación (trastornos del orgasmo);

5º. Falta de la sensación de placer del orgasmo.

Lo que caracteriza a la impotencia es una carencia de erección, pero otra forma de impotencia también lo es la desafectivización de los objetos amorosos.

Si pensamos  en el terreno de la genitalidad, se diagnostica de disfunción eréctil a todo hombre que no tiene una erección lo suficientemente rígida para permitir la penetración, así como a aquellos que la pierden ante un cambio de postura o poco después de la penetración. Esto sucede, según los datos, hasta el 20% de los varones en los países desarrollados, de los cuales menos del 10% acuden al especialista para seguir un tratamiento.

 

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