Sexóloga en Barcelona

Celos e infidelidad


El trabajo de Freud sobre “Algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad” (1922), trabaja sobre algunos casos de celos observados en el análisis que muestran tres distintos grados, que se pueden distinguir así:

  1. Celos de competencia o normales;
  2. Celos proyectados, y
  3. Celos delirantes.

Sobre los celos de competencia se componen esencialmente del duelo, el dolor por el objeto de amor que se cree perdido, por la afrenta u ofensa narcisista y, por último, por sentimientos hostiles contra el rival preferido por su objeto de amor y de una aportación mayor o menor de autocrítica que quiere hacer responsable al propio yo de la pérdida amorosa.

Estos celos no son completamente racionales, es decir, nacidos de circunstancias actuales, proporcionados a la situación real y dominados sin residuo alguno por el yo consciente, sino que demuestran poseer profundas raíces en lo inconsciente, y conllevan impulsos muy tempranos de la afectividad infantil y proceden del complejo de Edipo o del complejo fraterno del período sexual.

Es también significativo que muchas personas los experimenten de un modo bisexual, apareciendo como causa eficiente de su intensificación en el hombre, además del dolor por la pérdida de la mujer amada y el odio contra el rival masculino, la tristeza por la pérdida del hombre inconscientemente amado y el odio contra la mujer considerada como rival.

Los celos del segundo grado, o celos proyectados, nacen, tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas; relegado, por la represión, a lo inconsciente.

Sabido es que la fidelidad, sobre todo la exigida en el matrimonio occidental, lucha siempre con incesantes tentaciones. Precisamente aquellos que niegan experimentar tales tentaciones, sienten tan enérgicamente su presión que suelen acudir al mecanismo inconsciente de la proyección para aliviarla, y alcanzan tal alivio e incluso una absolución completa por parte de su conciencia moral, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre la otra persona.

Los celos surgidos por tal proyección tienen, desde luego, un carácter casi delirante; pero no  se resisten a la labor analítica, que descubre en ellos las fantasías inconscientes subyacentes, cuyo contenido es la propia infidelidad.

Mucho menos favorable resulta el caso de los celos del tercer grado o propiamente delirantes. También éstos nacen de anhelos de infidelidad reprimidos; pero los objetos de éstas fantasías son del mismo sexo.

Estos celos delirantes corresponden a una homosexualidad fermentada y reclaman ser situados entre las formas clásicas de la paranoia. En su calidad de defensa frente a una moción pulsional homosexual poderosa, podrían ser descritos (en el hombre) por medio de la siguiente fórmula: No soy yo quien le ama, es ella.

En un caso de celos delirantes habremos de estar preparados a encontrar celos de los tres grados y no únicamente del tercero…

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