Transexualidad

SEXUALIDAD


Sigmund Freud construyó e inauguró un camino hacia la comprensión de la clínica de la sexualidad: la sexualidad adulta se origina en las primeras etapas del desarrollo sexual infantil,  y tal descubrimiento por sí solo aclara un hecho fundamental: sexualidad y procreación no son la misma cosa.

A partir de Freud la sexualidad adquiere una nueva dimensión, el psicoanálisis valiéndose de la exploración del inconsciente y de la clínica, intenta dar cuenta de cómo las experiencias tempranas son determinantes en la estructuración de la masculinidad y feminidad. Desde el psicoanálisis se propone que las relaciones erógenas con la madre y el padre como lugar tercero en la organización edípica, permiten el acceso a la diferencia en la historia de la sexualidad del sujeto y en consecuencia, a la formación de su identidad sexual y con ello a la práctica de su sexualidad.

La actividad sexual viene a ser una expresión de un “Yo” que se construye en función de la realidad, el “Yo” del sujeto se nutre con significaciones sexuales compartidas en el imaginario social. La sexualidad, no es entonces una propiedad de individuos fragmentados o aislados, sino de sujetos sociales integrados dentro de un contexto de distintas y diversas culturas sexuales preexistentes (Freud, S., 1901-1905).

El Psicoanálisis, se convirtió pronto en una institución que ha orientado la práctica y teorización de muchos profesionales, distorsionándose en algunos casos los postulados originales propuestos por el mismo Freud. Desde los años 50 se asumió como una especie de práctica médica con la que se intentó promover la idea de la sexualidad llamada “normal”; la estigmatización del homosexual como “perverso”, el uso del término de “inversión”, la referencia a un desarrollo “normal” o “anormal” de la sexualidad, el olvido de la bisexualidad original a causa de teorizaciones heterocentristas, constituyen sólo ejemplos de cómo se utilizó el Psicoanálisis para “normalizar” el funcionamiento sexual de hombres y mujeres; dejando de lado la intención inicial de Freud de separar la pulsión sexual de cualquier determinismo natural o biológico.

En palabras de Sáez (2004), Freud no concibió las pulsiones sexuales en términos reproductivos, como lograron institucionalizar distintos profesionales psicoanalistas conservadores a lo largo de la historia, sino que más bien descubrió que las pulsiones sexuales pueden dirigirse a cualquier objeto, sin que su dinámica tenga nada que ver con la necesidad. El poder que le ha otorgado el Psicoanálisis a muchos profesionales de la salud (Psiquiatras, Psicólogos, Sexólogos) y de las Ciencias Sociales (Literarios, Antropólogos, Sociólogos, Historiadores), ha ejercido influencia sobre el modo en que suponemos debemos practicar nuestra sexualidad, invadiendo nuestra esfera privada al dictar lo que es esperado y permitido sexualmente.